Escuela para aprender el Arte de Vivir

La gran asignatura pendiente

Es bastante fácil constatar que, para la mayoría de nosotros, nuestra vida es un campo de batalla permanente o casi permanente. Tenemos muchos problemas personales (miedo, angustia, agresividad, inseguridad, malestar, frustración, confusión, falta de amor, violencia, enfermedades...), familiares (convivencia infeliz, separación, incomprensión mutua...), laborales (aburrimiento, agobio, problemas con la autoridad, insatisfacción, depresión, estrés, cansancio...) y sociales (crisis económica, derrumbamiento de los valores...), son muchísimos los problemas. ¿De dónde vienen? Además, a pesar de que los seres humanos buscan soluciones desde milenios, la amplitud y la gravedad de estos problemas no hacen más que aumentar. El número y la proporción de guerras, asesinatos y suicidios en el mundo no dejan de crecer. ¿Qué es lo que estamos haciendo mal?

En realidad, es necesario alcanzar una visión global de la situación para comprenderla, para ver que todos estos problemas están relacionados. Desgraciadamente, la formación escolar que hemos recibido, simplemente no trata de estos temas, no nos enseña a desarrollar esta visión global, sino que se limita a llenarnos de conocimientos especializados, es decir fragmentos de conocimientos. Sabemos mucho en algunos campos, y ignoramos por completo muchos otros. Además, la meta casi única de la educación actual es prepararnos para el “mundo del trabajo”: estudiar una carrera, conseguir un diploma y luego un empleo para ganarnos la vida, sobrevivir en esta selva, dónde los demás son vistos como enemigos o competencia. En resumen, recibimos hoy en día, una educación muy limitada.

Los problemas humanos son ignorados por el sistema educativo dominante. Sentimos que la vida es superficial y no tiene sentido pero no aprendimos a enfrentarnos a estos problemas. Nuestros padres no recibieron mejor educación, así que tampoco pueden enseñarnos el Arte de Vivir. Sólo podemos transmitir lo que sabemos y lo que somos.

Recibimos en la escuela una formación muy limitada.
“No aprendemos gracias a la escuela sino gracias a la vida.” (Séneca)

Aprender a aprender...

¿Deprimente? Al contrario, ver estos hechos nos anima a aprender la asignatura que nos falta, la más importante: el Arte de Vivir, arte que consiste en aprender, de instante en instante, de nuestra mejor maestra, la más sabia: la Vida misma. Tenemos todos un inmenso potencial mental, físico y creativo, todos. Es tiempo ya de tomar consciencia de ello y desarrollarlo, actualizarlo, cuidarlo. Así podremos averiguar lo que nos pasa hasta descubrir que todos los problemas tienen una fácil solución, si recibimos la adecuada formación.

Todos aprendemos de la Vida, de hecho, la única Maestra. Ocurre cuando nos abrimos a Ella y dejamos que se exprese a través de nosotros. Así es como manifestamos nuestro potencial, en donde todos somos maestros y discípulos, y Amigos de la Vida.

ser hermanos como árboles en el bosque
“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos.” (Martin Luther King)

... de forma activa y participativa.

Hoy y siempre, nos han inculcado que: “la letra con sangre entra”. Así piensan la mayoría de las personas. Pero nosotros hemos comprobado que “la letra con Amor y Alegría entra”.

La formación que ofrecemos nos lleva a ser conscientes de la Vida para poder aprender de Ella. Usamos una amplia gama de herramientas para ello: relajación, meditación, preguntas-repuestas, investigación, danza y expresión corporal, teatro, lectura de cuentos y textos de sabiduría, música, video-forum, etc. Estas actividades concretas no son un fin en si, son puertas hacía nuestro interior.

Como lo que buscamos es explorar los límites de la autorrealización humana, estamos constantemente trabajando por el cambio. No puede haber una metodología que sea óptima para todos los objetivos, para todas las ocupaciones y para todas las personas. Por lo tanto, somos lo suficientemente sensitivos como para adoptar el estilo más directo y adecuado y así culminar los objetivos propuestos y lo bastante flexibles para cambiar nuestro método de manera espontánea y a voluntad, de acuerdo a la evolución, momento y circunstancia de las personas.

No se trata de cursos académicos. Aunque el formador guía las sesiones de grupo, que llamamos “encuentros”, investigamos todos juntos. Cada uno está invitado a intervenir, dando a conocer sus opiniones, sensaciones y descubrimientos.

Invitamos a establecer unas relaciones de amistad y de comunicación entre los miembros del grupo y entre estos y el formador, lo cual es fundamental para que se pueda evaluar los cambios y no-cambios que se produzcan.

Se alternan consultas personales con el trabajo de equipo para un mejor conocimiento de cada participante y así poderle atender individualmente de una forma más directa y efectiva; ayudarle a solucionar cualquier dificultad particular, y facilitar su integración, comprensión y asimilación del material que le capacitará para conseguir su nivel óptimo de crecimiento.

Insistimos más en la práctica que en la teoría, porque es la práctica la que nos transforma, no la teoría. El intelecto, al ser limitado, no nos sirve de mucho para saber lo que es bueno para nosotros. En la escuela tradicional, hemos aprendido a separarnos mentalmente de las cosas para observarlas. Este proceso de separación nos impide observar profundamente y tomar contacto con ellas. La formación dispensada en la Escuela de la Vida nos lleva a desaprenderlo, y a aprender una nueva forma de aprender, en cada instante, en cualquier situación, observando con todo lo que somos, no sólo con nuestra mente. Aprendemos a sentir, observar y escuchar desde lo más hondo de nosotros, capacidades que suelen estar asfixiadas en estos tiempos que corren. La formación que proponemos es un “retroceso” para poder saltar mejor, y así redescubrir el mundo, con inocencia, lucidez y amor.

En definitiva, en la Escuela de la Vida, aprendemos a ser lo que ya somos. Es sencillo, pero hemos complicado tanto nuestra forma de vivir, nos hemos alejado tanto de nuestra naturaleza, que nos cuesta ser lo que somos. Afortunadamente, se puede recuperar el Arte de Vivir, está dentro de nosotros. Nos está esperando. ¡Acércate!

¡Adelante!
“El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que ya sabe.” (Aristóteles)